ENTREVISTA NICOLÁS CADAVID

Conversación a la deriva. 20 años de trayectoria

El artista colombiano (Bucaramanga, 1979) nos recibió en su apartamento en el tradicional barrio bogotano La Macarena a propósito de su estudio abierto titulado Los Jardines. Una charla libre y espontánea sobre la inventiva y osadía de ser un artista versátil de zonas grises – pero saturadas -, entre recuerdos de su juventud y los riesgos del presente.

9:30 a.m. – 28 de abril, 2025

Bogotá D.C.

Por Milo Meneses Cruz

(Los jardines, flyer promocional, 2025. Todas las imágenes cortesía de Nicolás Cadavid. Tomada de @nicolasdavidc)

Nicolás es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Industrial de Santander (2005) y cuenta con una maestría en Artes Visuales de la Universidad de Chile (2009). Su obra ha sido presentada en exposiciones individuales y colectivas en distintos países de América y el mundo. Ha sido merecedor de varios reconocimientos, entre ellos varias becas del Ministerio de Cultura en Colombia (2019, 2017, 2011), entre otras en Antioquia y Santander.

Del 2006 al 2017 estuvo al frente de Galería LaMutante, un espacio dedicado al arte contemporáneo con sede en Bucaramanga. Bajo su dirección, este proyecto fue escogido por el Ministerio de Cultura para representar a Colombia en la Feria Internacional ARCO Madrid 2015 y editó el libro Manual del Equilibrista en 2016.

Este 2025 cumple 20 años de trayectoria artística y ha decidido conmemorarlo con una retrospectiva de varios de sus trabajos, exponiéndolos en su open studio a inicios de año. Para honrar su trasegar, ha aceptado realizar la primera entrevista de quien suscribe, como el inicio de una serie de charlas con artistas y agentes culturales contemporáneos. Vistamos su apartamento varios días para repasar su obra y sacar adelante esta conversación que inicia la activación de este archivo documental.

A mi llegada a la casa de Nicolas me dice que ya no le queda whisky, que me puede ofrecer café instantáneo. Yo, que el día de su open studio le dije que prefería el destilado escocés para estar a la altura, me rio y le comento que por supuesto siendo de mañana prefiero nuestra bebida nacional. Él se sirve un mate y me cuenta que por su cercanía con Argentina se le quedó el hábito, también porque es más suave que el café.

Dado que vengo caminando desde la casa de la artista Sandra Lesmes Cárdenas en Las Aguas, pleno centro de Bogotá, agradezco la inyección de cafeína que se necesita en una ciudad como la capital, que enérgicamente nunca para, incluso a la deriva.  

Te tengo una sorpresa. Estuve viendo tu portafolio. Bueno, revisando tu página de las entrevistas en streaming. Buscando relaciones con lo que compartimos ayer, con los encuentros informales que hemos tenido, y las razones también por las que nos cruzamos. En primer lugar, siempre todo muy transcultural, creería yo; como multipropósito, multilenguaje. Viendo tu portafolio, encontré una obra que me llamó mucho la atención. La técnica es deriva

Nicolás: Sí ¿Los castillos cruzados, eh? El destino de los castillos. Sí, sí. ¿Ah, pero, y esa dónde está? 

Está en la página web. ¿En Chile fue? Fruto de escribir sobre tu desarraigo. Pues es muy normal que eso pase cuando uno migra. ¿Fuiste a que te leyeran el tarot? Entonces traje el tarot. 

Nicolas: increíble. 

(Los destinos cruzados, deriva, 2009. Tomada de http://www.nicolascadavid.com) 

CONVICCIÓN CON FUERZA

Y la sorpresa del día de hoy, es que intentemos articular tu muestra de estudio abierto con la conmemoración de los 20 años de tu trayectoria y el ritual del tarot.

Entonces damos inicio formal a esta conversación que quiero llamar a la deriva, en ocasión de los 20 años de carrera de Nicolás Cadavid. Les saluda, Milo Meneses, sociólogo, entre otras… difícil de definir. Estamos aquí con el artista y docente Nicolás, que nos ha abierto las puertas de su estudio, en el que ha realizado una curaduría de sus obras desde – inclusive – su época de estudiante. Acabas la universidad en el 2005, el pregrado, pero hay obra desde el 2001: me decías ayer, un pequeño dibujo. 

Nicolás: Sí, un dibujo, y piezas hasta el año pasado. Hasta este año. 

¿Son decenas, podría decir, de piezas?  Así como algunos trabajos que has reseñado con estancias en el extranjero, siempre con una relación muy interesante entre Colombia y el mundo, Bucaramanga y Colombia. Pero antes de empezar, me gustaría hacerte una pregunta un tanto psicológica y es: ¿hace 20 años cómo te imaginabas o si te imaginabas para estas fechas, es decir, si seguirías trabajando después de 20 años, cómo te imaginabas ese momento?

Nicolás: pues yo creo que hacia el 2004, sí, tal vez. Es decir, faltando un año para graduarme del pregrado. Tuve como una suerte de visión caminando solo por las calles de la ciudad. Mmm, en donde me dije a mí mismo: bueno, soy artista. Y en ese momento supe que quería hacer arte el resto de mi vida, que parece algo obvio, pero en el transcurso de la formación uno tiene muchas dudas sobre su futuro, sobre “¿será que voy a poder vivir de esto?”, que es como la pregunta obvia y sobre todo si voy a tener materia prima para durar tanto tiempo, pues eso se convirtió como en una convicción. Me convencí totalmente que quería hacer arte el resto de mi vida. Y no me sorprende entonces que después de 20 años siga acá. 

Porque a mí me da la impresión de que eres disciplinado.

Nicolás: Sí creo, quizás, como a muchos les sucede, pues quisiera hacerlo más y a veces siento que no lo soy. Pero siempre aparece ese llamado, como a seguir intentando a seguir buscando ideas, a seguir buscando esa pasión de esos años iniciales, tal vez donde quizás hubo un momento en ese periodo de formación que me decidí a superar a mis maestros en el buen sentido de la palabra.

«¿Bueno, yo quiero ser como este artista, no?» Y tuve unos periodos de mucha producción, otros con menor producción, por cosas de la vida, por algunos viajes, por otros compromisos laborales. Pero en los últimos años, sobre todo desde que volví a Bogotá, perdón, desde que me mudé a Bogotá, esa convicción siento que ha retornado con más fuerza porque estoy en un periodo de mi vida en donde puedo dar las mejores cosas que tengo. Es como en un punto alto, a mi juicio, y tengo que aprovecharlo.

Eso también lo exige la pluralidad de oficios en los que estás desempeñado, creo. ¿Cuál es ese tramo más raro que has tenido que jamás imaginaste? De pronto, empezando tu carrera o en algún momento del camino que haya resultado curioso y que bueno, lo veas con ansiedad.

Nicolás: pues tal vez cierta vez trabajé para la Alcaldía de Bucaramanga como asesor, como director de la Escuela Municipal de Arte de Bucaramanga, como en 2016 más o menos. Sí, ajá. Fue un periodo complejo porque ese año, justo para ese año, también empecé a dar clases en la UNAB y ya daba clases en la UIS y luego era director, o sea tenía tres, tres empleos, muchos de ellos de carácter de oficina.

Fue un periodo de baja producción, a eso me refería. No que haya periodos donde he producido menos por esas otras obligaciones laborales que había adquirido, pero en su momento ese tema de la Escuela Municipal de Artes, para mí fue muy gratificante porque fue como una suerte de reconocimiento a un trabajo que yo venía haciendo desde LaMutante que era este colectivo con el que trabajaba, en donde entre muchas cosas tuvimos un gran interés en la formación de públicos.

Entonces el hecho de ya ser profesor de dos carreras en dos universidades distintas y ahora tener esa posibilidad de haber sido director de esta escuela, para mí era como tal vez un desarrollo lógico de esa otra parte o esa otra cara de mi profesión. Que se asume con mucha responsabilidad y optimismo, pero no resultó para nada bien.

Sí, la verdad es que trabajar en lo público pues se sabe que es muy complejo, pero yo nunca lo había experimentado y resultó siendo una experiencia, mmm, incómoda hasta cierto punto. Me encontré con muchos tropiezos, tantos tropiezos que nunca había experimentado y fue frustrante al final porque no se pudo concretar nada de lo que tenía pensado.

Entonces es como la primera vez que siento que no logro conseguir lo que tenía pensado, okay, entonces es como un bache, un punto negro ahí que que me costó superar un tiempo, pero después me enseñó que quizás ese no era el lugar que yo debía ocupar en en el mundo, ¿no? Y retorné a mis obligaciones habituales. Seguí dando clases, volví a encontrarme con la producción artística, que es lo que más me mueve. 

¿Sí, porque piensa uno, por ejemplo, el docente o gestor, curador, después el administrativo, que es como que va uno desbloqueando escenarios conforme madura otros previos, no? Es normal que si uno tiene un buen desempeño como artista, consideren que uno luego puede enseñar arte  y ya como el oficio del docente es considerablemente administrativo, pues gerenciar un poco habría sido como esa experiencia tuya ¿Pero cómo crees entonces que se dificulta en términos de lenguajes y expectativas?

Nicolás: Yo creo que es la politización de esa escena. Yo no soy político y siento que para moverse de alguna manera en ese mundo uno tiene que desarrollar esas habilidades. O sea, uno es un ser político. ¿Eso, se entiende, no? Pero como tal, ya estar dentro de esa institucionalidad implica desarrollar unas habilidades que tal vez tomen tiempo y yo creo que pude haberlas desarrollado, pero no se me permitió.

Básicamente hubo un cambio administrativo alrededor mío que me quitó la confianza que me habían dado en un inicio cuando me contratan y terminé como en aguas turbias, un poco, ahogándome en mis ilusiones de aportar aún más al campo artístico bumangués. Entonces básicamente fue imposible echar pa’ delante, se estancó ese proceso y me terminé hundiendo en las aguas de las mañas y prácticas políticas que bien se sabe existen en el país y que en Bucaramanga creo que todavía hoy en día siguen existiendo y dirigiendo esos procesos.

(Mal fario, instalación, 2024. Tomada de www.nicolascadavid.com

Okay, sí, bueno, en mi provincia es muy usual, como que mmm, al ser nichos más pequeños, siempre hay una suerte de relaciones públicas ahí que son robustas, es difícil mover las fichas, claro, y mantenerse, bueno, como en una deriva puede ser eso. 

Pero hay otra cosa que me llamó la atención, y fue tu inicio como estudiante, que registres que ingresaste a diseño industrial en el 99. Pero estuviste solo un año.  ¿Y luego te pasas a Artes? 

Nicolás: es lindo porque, la verdad es que el origen de todo este gusto por lo gráfico, por las artes, se remonta a mi gusto por el cómic. Yo soy aficionado al cómic coleccionista y estando en mi etapa de colegio tuve la fortuna de contar con un primo que también se dedicaba al dibujo de cómic.

Él alcanzó a publicar en una revista muy importante en la historia del cómic en Colombia que se llama ACME. Sí, un clásico y si se quiere entender la historia del origen del cómic en Colombia hay que remitirse a esa historia, a esa publicación. Mi primo ha publicado en ACME, publicó un par de cosas ahí y él me fue conduciendo a la posibilidad soñada de por qué no publicar en esa revista.

Nunca sucedió, pero sí publiqué en un par de fanzines que en su momento fueron también importantes para la historia del cómic en Colombia. Y entonces mi sueño era dedicarme a dibujar cómic y como mi primera opción era ser diseñador gráfico, entonces intenté ingresar a diseño gráfico en Medellín, en la Pontificia Bolivariana de Medellín.

Me hice el viaje hasta allá en medio de estar prestando servicio militar, me dieron una pequeña licencia para viajar a Medellín, presenté los exámenes, me fue muy bien, me aceptaron, pero con cosas de la cobardía juvenil, de ese momento, no tomé esa decisión. Y lo más parecido existía en Bucaramanga al diseño gráfico era el diseño industrial en la UIS, pero resultó ser otra cosa porque el perfil del diseño industrial en la UIS es muy de ingeniería.

Entonces a mí me tocaba ver el ciclo básico de los ingenieros: cálculo, álgebra, geometría descriptiva y técnico, todo eso. Entonces la pasé muy mal, la verdad. La verdad es que la pasé muy mal. Yo me considero un buen estudiante, pero me fue muy mal. Entonces también empecé a frustrarme un poco porque no era capaz de pasar esas materias y las únicas materias que pasé fueron las de dibujo, claro.

Entonces ya hacía el segundo semestre de diseño industrial empecé a faltar a las clases, empecé como a dejar tirada la materia, la carrera, perdón, y ya. Ayudado por algunos amigos de esa época, tomé la decisión de hacer el cambio de artes sin creerme artista, sino más bien persiguiendo todo el sueño de ser dibujante de cómic.

Porque yo jamás había tomado un pincel, digamos, más allá de que yo le ayudaba a mi mamá a pintar cerámicas cuando era muy joven porque ella tenía un local de cerámicas. Ese fue mi acercamiento a la pintura, pero nunca tomé un pincel para hacer una pintura, digamos. Entonces fue también un poco raro iniciar las clases de arte sin mayor preparación, más allá de los dibujitos que yo había hecho. Y ese fue un poco la idea o el por qué cursé ese año de diseño industrial. 

¿Me permite un segundo? 

Nicolás se levanta a abrirle la puerta de la cocina a su gata – luego me cuenta que se llama Felicidad

Sí, eso quería preguntarte, porque bueno, lo del cómic me parece muy interesante. Eso quiere decir que esas primeras nociones que tienes del arte son desde el dibujo y la cerámica. 

Nicolás: sí, digamos, mhm. Pero la cerámica, vuelvo y te digo, era la opción entre comillas, laboral que yo tenía en las vacaciones del colegio, ayudar a mi mamá y me ganaba unos pesitos ahí, pendejos. 

¿Y qué tipo de cerámica? 

Nicolás: cerámica decorativa. Está hecha con barbotina. Los moldes que se llaman y que surgen en lo que se llamaba bizcocho. Es esta cerámica blanca que se lija y después se pinta, pero pues era como un trabajo de señoras. La verdad es que yo en las vacaciones me la pasaba con las señoras amigas de mi mamá, las clientas de mi mamá que se inscribían en los cursos que daba y yo llegaba ahí como a ayudar en ciertas cosas.

Eras un buen muchacho.

Nicolás: sí, la verdad es que sí. Era un buen chico, juicioso. 

Me causó mucha curiosidad porque cuando nos conocimos, estuvimos hablando sobre LaMutante y también sobre unos proyectos musicales, ¿una  banda de rock, sí? A mí, comentario aparte, eso me parece muy llamativo porque es como el sueño de todo joven… vivir esos años rockeando… siendo un poco como un cínico con sentido del humor ácido. ¿Eso, vos consideras que es una deriva de tu trayectoria en algún punto? ¿Crees que eso aporta, digamos, después de 20 años al suelo que has cimentado hasta hoy?

Nicolás: es que yo he tenido muchos intereses desde joven. Yo crecí, por fortuna, en una casa donde mi familia siempre fue muy inquieta en cuanto al arte y las distintas expresiones artísticas. Mi papá intentó ser cantante cuando joven, por ejemplo. Mi abuelo fue pintor. Mi mamá hacía cerámica. A mi hermano le gustaba mucho el cine. Y mi hermana también hacía mucha música. Mi papá es melómano. Yo crecí oyendo música todos los días, a toda hora. Siempre hay música en mi casa. Uno llega a Bucaramanga, mi papá siempre tiene un disco sonando en su tocadiscos y yo tomé esa costumbre. Yo también me levanto y todo el tiempo estoy oyendo música.

Nunca decidí hacer música de manera profesional; como tampoco escribir, pero digamos que a la par de que yo empecé a dibujar cómic, también empecé a escribir poesía porque me gustaba leer. Así fue como mi primer instinto fue que quería ser escritor. No se dio eso, se truncó y lo cambié rápidamente por las artes visuales. Pero el tema de la música siempre estuvo ahí y siempre tuve amigos con los que nos gustaba juntarnos a ver que sonidos podíamos producir desde la ignorancia.

Y tuve un primer grupo musical como hacía 2006, tal vez, que se llamaba Pop is dead y  ahí tratamos de sacar unas cuatro canciones, casi sacamos un pequeño disco con esos temas. Hicimos dos conciertos pésimos, pero divertidos, y ya después entrado un poco más en años, hace como unos cinco años, tal vez con otro amigo en Bucaramanga, montamos otro proyecto que se llama Brandon y es con Brandon con el que más desarrollamos ese gusto musical.

Para escuchar el EP Divinas Formas de Brandon haga clic aquí

Grabamos un EP con cuatro temas muy bien grabados al menos, y sacamos tres videos. Hicimos un concierto, pero por haberme mudado a Bogotá, este proyecto se interrumpió porque es mi amigo un poco el que tiene los equipos, el que tiene los instrumentos, el que es más apasionado de la música y es con él, es a través de él que yo logro sacar esas ideas en torno a la música.

Él sigue en Bucaramanga, sigue, tiene su banda y nada. ¿Vuelvo y digo, mucha gente critica eso, no? De que uno no se enfoque en una sola cosa, pero yo no puedo mediar esas intenciones expresivas que tengo; algunas salen mejor que otras, pero yo no me avergüenzo, no puedo avergonzarme de crear cosas.

Un día hago una canción o un día escribo un cuento. Pues eso está bien para mí, porque son necesidades, son impulsos casi vitales que surgen. ¿Y sobre todo, sí me divierten por qué no hacerlos?

(Al borde del abismo, 2017. Tomada de http://www.galerialamuntante.com

ESCRITURA VISUAL

Antenoche, cuando conocíamos a Óscar Barbosa en medio de los convulsionados andenes de Bogotá…todos salen a la vez, llegan amigos que uno espera, y uno está ahí entonado con la cerveza, te presento: Nicolás Cadavid, artista, profesor, escritor, y dices: no, no, yo, yo no escribo. ¿Pero bueno, ahora con lo que mencionas, estás muy llamado por la literatura, por la poesía? Te escuché, me comentas que has escrito cuentos. Están las canciones…, y eres profesor del programa de literatura de la UNAB. ¿Cómo es tu aproximación a la escritura?

Nicolás: pues lo que te dije era como mi primer sueño. A mí me parece que escribir es algo, eh…, no es que se me dé muy bien necesariamente, pero sí siento que uno puede construir unas imágenes muy interesantes desde la palabra. De manera mucho más sencilla hasta cierto punto que construirlas desde las artes visuales. 

Yo me he enfrentado a eso, a ese problema hace poco en Cartagena, el año pasado en un proyecto que hice en el Baluarte de Santa Catalina, muy ambicioso, muy complejo, demandante en términos físicos, económicos y mentales. Mientras trataba de armar ese proyecto me surgían muchas imágenes, muy poderosas y siempre recurrí a la literatura en esos momentos, literatura digamos, asociada como al drama en relación con el océano. Coleridge, por ejemplo, o Edgar Allan Poe, no sé. Aparecían estas figuras que han escrito sobre sobre el mar y ellos construían unas cosas impresionantes desde la letra, no desde las palabras.

Y yo decía «malditos afortunados», A mí me toca construirla desde la imagen, desde lo tridimensional, desde el objeto. Y resulta mucho más complejo. Entonces siento yo que el que se aproxima con eso, un poco desde la base, desde el fundamento de la idea inicial. Te decía ayer que a mí me servía mucho la pintura para ordenar ideas, pero también me sirve mucho escribir para que surjan esas primeras luces…, que se abran de convertirlo en una obras.. No es que escriba puntualmente un cuento o un poema o un ensayo, sino que me gusta escuchar lo que tengo en la cabeza y pasarlo así sean textos muy básicos en donde yo traduzco de primera mano lo que surge en mi cabeza ya desde lo escrito. 

Entonces lo primero que aparece es la escritura. Una escritura, insisto, sin mayor pretensión literaria, sino como una forma común de traducción, de traducción del pensamiento. Ya luego lo literario aparece muchas veces de manera directa, de manera referencial en las obras. Traduciendo un cuento de lo escrito a lo audiovisual. 

Por ejemplo, empleando palabras para hacer intervenciones en espacio público; empleando referencias poéticas para introducir dentro de videos. Es decir, es inevitable que no aparezca ahí siempre. Yo recurro a ciertos autores, que han estado ahí acompañándome desde esos primeros años de despertar creativo cuando quería ser escritor. Ahora que ya soy artista visual y que no me creo escritor, siguen apareciendo estos referentes como una ayuda infinita para desarrollar ideas y para acompañarlas y nutrirlas. Entonces ahí está siempre. No, no soy un gran lector, mucho menos un gran escritor, pero cuando me enfrento a las palabras me siento cómodo y eso, bueno, eso se puede ver aquí en el espacio expositivo del estudio.

(A la luz de las ruinas, instalación, 2022. Tomada de http://www.nicolascadavid.com

Un poco antes ya de lanzarnos a hablar de lo que nos ha reunido en esta oportunidad, me resulta muy llamativo, tu oficio como docente, en este caso dentro del Programa. ¿Por qué no nos cuentas un poco sobre esa experiencia, en particular? Porque bueno, seguramente también habrás dado otros cursos más de programas de arte, historia del arte. Ahora estás en el programa de literatura. ¿Cuéntanos un poco cómo se llama ese curso, cuál es la metodología que manejan y  como artista, cómo te aproximas a los estudiantes que seguramente sí están buscando, desempeñarse y  poder materializar productos literarios? 

Nicolas: bueno, yo inicié dando clases en la UIS, en artes, en artes plásticas, en el programa del cual me gradué y ahí trabajé como 12 años; y cuando iba como en el tercer año más o menos, surgió la posibilidad de trabajar en la UNAB,  trabajé dando clases en varios programas y clases, por ejemplo en artes audiovisuales; di clases también en la escuela de educación infantil, la carrera de educación infantil y en otras, en otros cursos de carácter electivo, muchos de ellos presenciales.

Pero la carrera de Literatura de la UNAB nació y sigue siendo una carrera virtual. Entonces yo doy clases, de contexto, digamos, como del componente interdisciplinario de la carrera. Yo soy el que da las clases, no necesariamente literarias, que tienen que ver con artes visuales, que tienen que ver con música, que tienen que ver con cine, que son cosas que, vuelvo y digo siempre me han nutrido y que siempre están ahí. Son intereses.

Soy un aficionado a esos temas. Entonces, he tenido la posibilidad de crear algunos de esos cursos y muchos de estos cursos contemplan ejercicios de escritura creativa que no abundan dentro de la carrera, porque la carrera te gradúa como profesional en estudios literarios, no necesariamente como escritor. Y muchos estudiantes tienen ese interés fuerte.

Muchos de ellos quieren escribir, entonces encuentran en mis cursos esa oportunidad de hacer esos ejercicios que no se contemplan en el resto de la malla curricular. Y yo siempre he pensado en la escritura del cuento como un ejercicio vital para alguien que quiere escribir. Es como el primer asomo de un desarrollo creativo y literario serio.

No es como el diseñador industrial que quiere diseñar. ¿Y el primer ejercicio fundamental es una silla, eh? Diseña una silla. Siento que el gran ejercicio es el cuento, porque involucra muchas cosas que luego pueden desarrollarse en formatos más ambiciosos como la novela, por ejemplo. Entonces, lo hago desde esa perspectiva, pero siempre desde una condición de modestia.

Porque no soy escritor ni pretendo reemplazar a mis compañeros que sí lo son o que sí estudiaron literatura. Entonces muchas veces estos ejercicios también se acomodan a mis propios intereses literarios. Uno de ellos, es la fantasía y el terror. Entonces, por ejemplo, tuve la oportunidad de diseñar un curso sobre H.P. Lovecraft que es uno de mis autores favoritos y mezclarlo también con otras cosas asociadas, por ejemplo, a los juegos de rol. Soy un aficionado de los juegos porque implican un ejercicio escritural, pero también un ejercicio fantástico, de crear un mundo.

Entonces son ejercicios creativos. Justamente tuve la oportunidad junto a algunos amigos de diseñar un juego. Es como la posibilidad de que los estudiantes antes de leer a Lovecraft jueguen un juego más basado. Desde luego, en una novela es un juego de lectura donde tú vas tomando ciertas decisiones sobre esa lectura y eso cambia el rumbo de los acontecimientos.

Y ya después empezamos a  diseñar, a poner unos avances de carácter creativo, con miras a que los estudiantes escriban un cuento basado en Lovecraft, pero que tenga lugar en la ciudad donde viven. Entonces muchos de esos cuentos tienen lugar en Bucaramanga, por ejemplo. Como el terror cósmico lovecraftiano. Pero tiene lugar en Bucaramanga y a partir de eso, pues he estado haciendo juiciosamente un proceso de compilación de los mejores cuentos que surgen del curso, con miras a de pronto algún día publicar un libro con esos cuentos que surgen del salón de clase y que tienen pues todo mi cariño, porque vuelvo y te digo, es un escritor entrañable, es un escritor que he leído, que conozco y haber logrado generar una estructura académica soportada en lo lúdico, soportada en la creatividad y soportada con la lectura de un contexto propio, pues puede generar unos productos muy interesantes que pocos hayan desarrollado, incluso en Colombia.

Como bueno, cómo es el horror cósmico en Cartagena, en Tuluá, en distintas ciudades…, doy clases virtuales a alumnos de todo el país. Entonces se reciben esos cuentos de todo el país, con esas perspectivas y es un poco eso, la verdad es que viene como desde lo que yo entiendo, desde lo que manejo y desde ciertos intereses míos.

Justo te iba a preguntar si habías pensado en compilar y editar, porque nuevamente aparece ese carácter polivalente de tu trabajo. Como que hay siempre un dentro y un afuera. Los cuentos que compilas entonces se acercan nuevamente al oficio del curador.

¿Si pudieras atreverte a concretar un poco como tu experiencia de curador a nivel conceptual en relación a este ejemplo, lo que nos comentabas de escribir con palabras o escribir con imágenes, qué relación ves ahí en torno a ese oficio?

Nicolás: bueno, vuelvo e insisto, muchas veces he sentido como una crítica hacia a como yo abordo mi práctica artística, porque quiero hacer muchas cosas o porque hago muchas cosas. Lo que no sabe mucha de esa gente que lo critica es que al menos y la dimensión curatorial que yo he ejercido, nunca la busqué y nunca la busco necesariamente, pues salvo un par de veces que yo digo «uy, quiero hacer este proceso o este proyecto curatorial», muchas veces llegan simplemente, y el inicio de todo esto desde luego se remonta al año 2006, 2007, cuando surge LaMutante.

Un proyecto que quiero un montón, con el que trabajé 11 años, y que básicamente buscaba desarrollar el campo artístico en Bucaramanga, un campo artístico que hace 15 años era muy inhóspito. Hasta cierto punto porque se seguía concibiendo que el campo artístico solo lo desarrollaban los artistas; que simplemente necesitábamos artistas para existir. Nos hemos dado cuenta que no es así.

¿No se necesitan otras figuras dentro de ese campo artístico para que sea un campo artístico sano, un ecosistema sano? No donde crezca una sola especie, sino que tiene que haber… ¿O sea, no puede ser un monocultivo en el campo artístico, cierto? Tienen que haber muchas más especies que alimenten esa tierra, que alimenten esas aguas que han de nutrir todo ese paisaje.

Con LaMutante pasó eso. Nos vimos obligados a ejercer como curadores sin saber realmente qué era ser curador y sin saber cómo hacerlo. A partir de entonces, he venido desarrollando proyectos curatoriales, insisto muchas veces por invitación, muchas veces porque me identificaban como un referente curatorial en la región por ese trabajo que había hecho con LaMutante.

Me ha acercado siempre a ese proceso, no digo desde la ignorancia, porque la ignorancia la superé, pero sí desde una posición… mmm, no con la intención de presentar una palabra final, sino más bien como una suerte de facilitador de procesos. Y entonces, por eso siempre que he trabajado con los artistas, la mayoría de veces a mí me ha ido muy bien porque los entiendo, ya que vengo de esa práctica. Entiendo un poco como son los artistas, entiendo la dificultad para desarrollar procesos, entiendo la dificultad para concretar los procesos de buena manera, porque he pasado por ahí y me enfrento siempre a esos retos cada vez que creo una obra como la desarrollo, como la muestro, cómo la monto en un espacio expositivo y sé que muchos artistas con los que he trabajado pasan por ahí.

Entonces es una cuestión siempre de complicidad. Trato de tener una complicidad con los artistas, trato siempre de echarles una mano y de dejarlos ser hasta cierto punto. Hay veces donde uno tiene que direccionar las cosas, pero busco esa complicidad, como que se sientan cómodos con el trabajo, se sientan a gusto, acompañados. Y desde luego esas perspectivas de carácter conceptual, de las curadurías que he hecho se nutren también del trabajo artístico que yo hago.

Vea la participación de LaMutante en la décima versión de la Feria Internacional de Arte de Bogotá (2014)

Y eso se lo puedes preguntar también a muchos artistas que han ejercido labores curatoriales. ¿Ellos casi siempre toman de lo que ellos hacen, cierto? Muy pocas veces se meten en dimensiones que no disfruten, que no entiendan, sino más bien, trabajando desde sus propias búsquedas. Una de las últimas curadurías grandes que hice la hice hace como dos años en la Cámara de Comercio de Bogotá,  dentro del marco de ARTBO, también, y trabajé mucho desde o con artistas que trabajan con el paisaje.

Yo vengo desde hace unos años mirando el paisaje, entonces trabajó desde él, desde lo que conozco, también un poco desde lo que me motiva. Con el fin de aportar también desde mi propia experiencia a esos procesos que ellos vienen desarrollando, que eso era un poco lo que me decías ahorita mientras preparaba el café y el mate, que es fundamental, como el gesto de libertad, de flexibilidad. Cuando uno está como curador, como docente, con los artistas o con los estudiantes es darles esa posibilidad de que de que ellos tengan casi como una primera palabra. 

(Cero, papel sobre muro, 2013. Tomada de http://www.galerialamuntante.com

A mí eso me me pasó también cuando te conocí, que yo sentí que eras, muy amable, afable, como que permites un encuentro. En mi experiencia con curadores particularmente, con curadores que se definen como tal y que solo se desempeñan en eso, esa figura del experto a veces espanta. Es un poco soberbia. El pararse sobre la palabra, el definirse como el que más sabe de cierto tema. ¿Qué opinas tú, Nicolás, de la profesionalización de la curaduría? 

Nicolas: bueno pues cada quien hace con su vida y con su plata lo que quiere. Entonces yo lo respeto un montón y considero indispensable e imprescindible la figura del curador como la del galerista, como la del coleccionista, como la del crítico o la del periodista. Todo eso es necesario para, insisto, robustecer un campo artístico. Sí, tengo mis dudas un poco sobre sobre ciertas formas de trabajar, de algunos curadores. Eso sí es cierto, y lo digo abiertamente, muchas veces desde esa amabilidad que tú señalas, pero otras veces desde la impulsividad que también tiene mi personalidad. O sea, yo muchas veces soy muy calmado, otras veces soy explosivo, pero no está en mis intereses especializarme, al menos no por ahora.

Tal vez en unos años termine solo pintando, me imagino un poco así. Tal vez centrado en mis 60 años ya solo quiera pintar, no lidiar tanto con muchos problemas en los cuales me meto cuando decido hacer o proyectos curatoriales, o proyectos académicos o de intervención en espacio público, o de trabajo con comunidades, que todo eso lo he hecho o administrativos.

Ahora, quienes se decantan por esa especialización de la curaduría, pues vaya y venga. Ahora todo ese tema de la soberbia y todo eso. ¿Bueno, yo siento que hay algunos que lo harán, no? O sea, otros no necesariamente, lo mismo sucede con los artistas. Hay artistas también con los que es muy difícil trabajar.

Y lo digo pues desde la experiencia de ser curador o de compartir espacio con ellos. Yo siento que no tiene tanto que ver con una profesión o un oficio en general, sino más bien con los problemas que todos tenemos como seres humanos, con nuestras deficiencias humanas, por así decirlo. Todos de alguna manera las tenemos, unos más que otros.

Pero sí me preocupa algunas veces, por ejemplo, de lo curatorial es que el curador olvide que los problemas por los que atraviesa el artista no necesariamente se refieren a problemas económicos o problemas de orden personal, sino al problema de la producción de arte. Es muy difícil hacer arte. Concretar ideas buenas es complicadísimo y tenemos derecho a fracasar. Pues no, no todo nos puede salir de diez puntos, pero a ratos siento que se pierde esa perspectiva de ese drama de la creación y es muy fácil señalar y juzgar.

«¡Qué obra tan mala! ¡Qué artista tan malo!». Con el tiempo he aprendido un poco a ser más mesurado con eso, porque vengo de ahí. Entiendo ese drama y no puedo juzgar al que pasa por la misma mía porque sería como un acto de soberbia infinita. 

Entonces si he aprendido un poquito más a eso y tal vez ese diálogo, esa cercanía que tú señalas, la he tomado de haber podido estar en distintos lugares y pararme en distintas orillas, sobre distintos terrenos, algunos de ellos más inestables que otros. Y puedo comprender quizás un poco más al artista cuando digamos soy curador.

E insisto, sé que los curadores a ratos conciben el ejercicio curatorial casi como una obra, y que se debe conservar en su integridad y hacer todo lo posible para que salga como se imagina uno. ¿Eso lo tengo muy claro, no? Pero no hay que perder esa dimensión humana. Y no hay que perder esa fragilidad a la que se enfrenta el artista cuando crea obra, es un proceso muy difícil y eso solo lo sabemos los que hemos estado ahí.

ME ENCONTRÉ EN EL VIAJE

Hablando acerca de tu gusto por la ciudad y el flâneur, el salir a intervenir en el espacio público… Las acciones que has hecho, por ejemplo en Madrid… Decías que hay cosas que solo hace el artista, ¿pero tú crees que ese es el drama del artista… un poco fuera de lo esperado, como que el oficio creativo tiene que llevarte a terrenos inexplorados?. 

Nicolás: sí, yo creo firmemente, considero que uno de los grandes placeres, pero al mismo tiempo dramas de la producción artística, es que tienes que hacer cosas que nadie más hace. Y no me refiero a esto como una suerte de superhéroe ni mucho menos. Pero es encontrar en las cosas que no tienen un valor aparente, ese valor.

Lo que tú decías al inicio de la entrevista respecto a esa acción en Chile que hice a propósito nuevamente de un texto de Italo Calvino que se llama El castillo de los destinos cruzados. Ese texto lo escribí trabajando a partir del tarot y entonces lo que yo hice fue hacer que me leyeran las cartas y que esa lectura de cartas me llevará a emprender un viaje.

Ese tipo de acciones, solo ocurren en la cabeza de alguien que percibe la importancia de lo inoperante dentro del mundo, así sea dentro del mundo de lo simbólico. Y siento yo que de eso es que se tiene que alimentar la producción artística. Ahí es donde aparece esa idea de la fantasía, esa idea de la libertad, esa idea de lo no seguro, sobre la que se ha parado mucho de lo que yo hago, sobre la que se sostiene mucho de lo que yo he hecho.

Ah, no sé, me perdí un poco…, la deriva. Sí, es una deriva. No saber muy bien qué va a pasar, sí me llama la atención eso. Es angustiante, pero es fascinante. Y siento que ahí hay algo, muy importante.

A veces hay preguntas sin respuesta. Que es un poco cuando uno se pone en el en el rol del interlocutor. Siempre se tiene esa esa inquietud también de la entrevista, la conversación como un proceso creativo. Yo comparto también esa angustia porque a diferencia del periodismo que en muchas ocasiones estructura las entrevistas, digamos que en los estudios culturales o la crítica, la antropología tiene formas más flexibles de crear. Ahorita te preguntaba si considerabas que necesariamente el ejercicio creativo suponía ir un poco como hacia las zonas grises de la vida, como un ser excepcional en la medida en que estaba buscando lo inédito. Es como una definición del arte y la creación para ti. 

Nicolás: sí, sí, totalmente. Y es que esa es la fantasía. Vuelvo a hablar de la importancia de la fantasía, de la ficción. Muchas veces eso parece como medio hippie, yo qué sé. Muchas veces se le critica al artista que vive en las nubes. Por eso es que de alguna manera se le llama ahora o se busca al artista para que hable de la realidad. Yo no quiero perderme eso; me parece que en lo fantástico, en lo gris, como tú dices, en lo inexplorado y en lo ausente, hay un compromiso, es decir, parándose, situándose sobre la libertad. Es donde al menos le encuentro sentido a todo esto que hago. Me encanta.

Complejizar lo que hago, me encanta complicarme, me encanta no estar completamente seguro de lo que hago, aunque trato de prepararme para ello. Yo hago bocetos; escribo previamente;  tomo medidas; hablo con expertos en materiales cuando tengo que usar materiales que nunca he usado; armo equipos de trabajo también que me ayuden a desarrollar proyectos; pero muchas veces me he enfrentado al momento en donde no sé si las cosas funcionan, pero ya estando ahí, es decir, ya no hay más tiempo de probar. Por eso no sé, por ejemplo, este video que veíamos ayer que hice en Kirguistán me parece tan significativo porque fue hacer un producto audiovisual que nunca había hecho en un lenguaje o en un país totalmente distinto, con un idioma distinto y siempre al borde del abismo. Como el libro de LaMutante; o como la gira que hicimos para presentar el libro.

Esa tensión, esa cercanía con el fracaso, esa cercanía con lo inexplorado, yo la siento parte fundamental de mi trabajo.

Es de alguna manera el germen de lo fantástico, la especulación. Especular, me parece que esa palabra también puede definir muy bien lo que hago. Me gusta especular. Por eso por ahí alguna gente no considera que mi obra sea madura, bueno, seguramente es que nunca va a madurar porque va a permanecer esa pregunta constante y ese ensayo constante qué es lo que me mueve a hacer una cosa, hacer otra cosa, No quedarme en un solo tema.

A propósito de esta pregunta, la invitación es a que podamos adentrarnos en tu curaduría, si lo llamamos así, la retrospectiva o la conmemoración de tus 20 años de tu trayectoria a propósito. Si te fijas, entonces claro, es un poco lo que lo que intentaba hacer: recorrer, tu pasado y tu trayectoria y tus obras.

Para aprovechar ese carácter poético de la deriva y ver hasta dónde una conversación flexible nos podía llevar, me gustaría que profundicemos un poco más en esa obra de tarot, ¿hay dos, no? ¿Pues cuéntanos, cuál es la primera, cuál es la segunda; cómo se relacionan y si tiene un efecto en la manera en que te has planteado estos 20 años de trayectoria? 

Nicolás: bueno, la primera es como del 2009 para un ejercicio de clase en la Maestría en Artes Visuales que hice en la Universidad de Chile. No sé cuál era, no me acuerdo cuál era. Con el objetivo del curso, ni siquiera sé cuál era el curso. No me acuerdo, pero se me ocurrió eso. Basado tal vez en alguna obra que había hecho un artista, no me acuerdo el nombre tampoco. Bueno, yo quise un poco intentar ese ese ejercicio de lo que te decía hace un momento. De cómo el azar, como lo azaroso, me permite realizar unos recorridos. Entonces leí el tarot, me leí el tarot. Pues con una chica de la calle. O sea, no sé si era profesional o no, el tema realmente no importó, pero estaba a las afueras de una estación de metro en Santiago de Chile.

Yo lo que le propuse fue un poco como una mentira, que yo había estado soñando recurrentemente con un lugar, entonces ella digamos que la sometí en una suerte de juego y le activé también la imaginación. Le dije que me sentía un poco perdido, que era cierto.

En ese momento sí me sentía un poco cierto allá en Santiago. Le dije que estaba soñando con un lugar. Quería que ella me indicara cuál era ese lugar: es decir, papita pal logro. Entonces ella sacó las cartas haciendo todo este tema y me indicó que el lugar quedaba por ahí como a unas dos horas de Santiago de Chile, en un lugar que se llamaba Cajón del Maipo, hacia una zona muy linda con montañas, ríos muy linda. Me fui hacia allá con unas indicaciones muy vagas que ella me dio: una casa que quedaba en medio de los árboles, al lado de una pequeña fuente de agua. Con esas ideas, me fui hacia el Cajón del Maipo y empecé a caminar, a preguntarle a la gente dónde quedaba esa casa. Entonces también involucré a otras personas en ese juego de pistas inconclusas, muy frágiles… y me iban enviando de un lugar a otro.

Entonces yo hice, como decía esta, una deriva durante todo un día por esa zona de Chile a las afueras de Santiago, hasta que finalmente llegué a un punto donde me encontré con un señor al cual le conté toda esta historia y quedó asombrado por lo absurdo de la empresa. No, porque realmente nunca encontré nada, pero sí encontré el camino, me encontré en el viaje.

El viaje finalmente fue el lugar.

Ya después hace como dos años, tal vez me invitaron a hacer una exposición en Cali sobre Walter Mercado. Entonces que todas las obras giraran un poco en torno al esoterismo, todo este tema. Lo que hice fue ir a donde una tarotista otra vez es vez más respetada y pedirle que me leyera las cartas con base en una serie de preguntas que yo le hacía sobre el campo artístico en Cali y ya fue develando las cartas, contando una historia y yo las grabé en audio y a partir de eso luego diseñe una suerte de cartas de tarot en donde de manera poética y literaria, hasta cierto punto, yo traduje esas palabras y las ubique en la carta con una serie de símbolos. 

Y sabes que incluso antes o entre medio, como en 2010, ponle 2011, traté de hacer otro ejercicio de esa misma naturaleza con una tarotista muy profesional de Bucaramanga, que en paz descanse, Doña Miriam.

A propósito, también del campo artístico en Bucaramanga. Entonces quería preguntarle cuál era el futuro del campo artístico en la ciudad, pero ya me volteó todo el ejercicio y terminó hablándome de toda mi vida. Entonces por eso ese proyecto quedó truncado, pero luego de alguna manera lo desarrollé con este que hice para Cali hace un par de años y ya después de cómo lo relaciono todo yo con con lo que muestro aquí.

¿No sé, es un poco lo que hemos venido hablando, no? ¿Una suerte de caminos que se cruzan, una suerte de coincidencias que aparecen, eh? Por ejemplo. Lo hablábamos también ayer y antes de ayer con gente que ha venido a visitarme. Es este, por ejemplo, la presencia del fuego en mi trabajo, merece mucho el fuego, sin que yo sea consciente de ello.

Y sin que yo me haga llamar el Maestro del fuego. ¿Cierto, «el artista del fuego?». Yo no lo hago así pero aparece. Y justo ayer vino alguien que dijo que si yo me había hecho la carta astral, porque seguramente en mi carta astral aparecía mucho el fuego.

Entonces hay coincidencias, hay temas que se repiten y eso. Para eso me ha servido esta muestra. Yo siento que sin ser un experto en el tarot y en todo este tema astral y de la Providencia, quien trabaja en ello muchas veces debe trabajar desde lo que ve, desde lo que percibe y desde lo que logra conectar, que es un poco una labor curatorial.

Y eso ocurre aquí, en esta muestra, aparecen una serie de obras que sin querer empiezan a conectarse desde el color, desde la forma, desde el discurso, desde las intenciones, que me parece son producto… de la casualidad o de la causalidad, que es lo que forma de una u otra manera todo el mundo en el que vivimos.

La civilización, el origen también de lo humano, yo creo que estamos hechos de esas casualidades, de esas conexiones. Maneras de comprender el mundo que hemos construido, que muchas veces ese mundo no es más que una proyección de nuestras mentes. Entonces de alguna manera lo que yo hago, lo que yo presento, es una proyección de lo que yo soy, de lo que he sido, de las personas con las que me he cruzado y que todo eso, insisto, hace parte de esa materia divina o adivinatoria, mejor, del tarot, por ejemplo.

No sé si me expliqué bien, pero sí, insisto, hablo desde mi gusto, porque encuentro ahí un tema medio mágico, un tema fantástico de adivinación, de comprensión del futuro, pero también de la interpretación del pasado. Son prácticas humanas, pseudociencias hasta cierto punto pero soportadas en la especulación que tanto me gusta pensar a mí.

(Revelaciones, impresión digital, 2022. Tomada de http://www.nicolascadavid.com

Ayer te decía que estaba gratamente impresionado, porque claro, a veces incluso hasta puede resultar fácil decir «yo especulo». Por eso critican tanto a los líderes espirituales, los atacan diciendo que juegan con la voluntad de las personas; pero luego cuando uno se enfrenta  a tu retrospectiva, se ve un un cuerpo de obras muy sólido: una recurrencia en el uso del color, en la técnica pictórica, la influencia que tú dices del diseño gráfico. Ayer hablábamos sobre ciertos gestos del collage. Hay también una búsqueda espiritual. Que no es un tema central en tu trabajo, pero siempre está. 

Hay obras que sí son exclusivas sobre ella o entre líneas. Cuéntanos un poco: ¿por qué el paisaje es tan importante para ti y para las obras que presentas aquí?

Definitivamente lo ornamental, la escultura de plantas, tienes plantas que son de tu casa pero que al final se componen también en una instalación. Ya hemos venido hablando mucho de esas distintas direcciones que puede tomar el trabajo. ¿Pero como bien señalas, quizás el paisaje aterriza un poco todas, no?

Nicolás: me decías ayer que si yo me consideraba un paisajista y me hace todo sentido eso, creo que incluso las pinturas… cuando me preguntan bueno, «¿usted qué hace?». Trato de resumirles lo que hago diciendo que yo pinto paisajes. La primera manera en la cual yo podría explicar, al menos lo pictórico en mi obra, es que me gusta el paisaje, me gusta el paisaje como un disparador de muchas cosas de lo humano.

Nosotros construimos nuestros propios paisajes, pero también habitamos, transformamos y alteramos hasta la degradación del paisaje que existió antes de nosotros. Vivimos en ellos. Entonces de ahí tal vez la importancia de abordarlos. En mi caso un poco desde una dimensión existencial, una dimensión de constante tensión. Hablábamos también ayer de ese tema. De cómo para mí el paisaje es un paisaje bondadoso, un paisaje que nos da muchas cosas, pero también que nos quita por su propia naturaleza, también por una suerte de rebelión ante nuestra presencia en él.

La historia del arte está también llena de esas referencias en torno al paisaje, la literatura, la pintura. Muchas de ellas situadas en el periodo del romanticismo. Esos primeros dramas del ser humano enfrentándose al paisaje que me llaman la atención vienen de esa época, desde luego. Y de alguna manera se ha vuelto desde hace unos siete años para acá el tema central de mi obra, porque me permite no sólo retratar sino experimentarlo.

Para mí es muy importante viajar, es muy importante el contexto, el trabajo. Entonces muchos de esos proyectos que he realizado últimamente tienen que ver con una inmersión de cabeza en ciertos paisajes, en ciertos lugares, que me han permitido desarrollar proyectos soportados y basados en esos contextos, en esas realidades, ya no con personas. Antes solía hacerlo con personas, con poblaciones.

Ahora lo hago puntualmente con la naturaleza, con el desplazamiento, con mi propio cuerpo, experimentando esos lugares que me llevan muchas veces a condiciones al límite, que me llevan muchas veces a replantearme lo que estoy haciendo, a entrar en crisis y a ofrecerme un campo infinito de posibilidades. Porque muchas veces voy con ideas preconcebidas a esos paisajes pero después surgen otras cosas ahí mismo. Que tengo que interpretar de manera rápida para aprovecharlas, porque es posible que no pueda volver a esos lugares. De ahí han surgido ideas muy interesantes que luego, ya en mi estudio, con mucha más calma, empiezo a desarrollar de manera mucho más consciente. En este momento siento que lo que más me interesa es explorar el paisaje, seguir explorando desde esa dimensión que te digo muy humana, muy de una crisis constante sin un dejo necesariamente ecologista. No me interesa tanto eso porque eso ya está implícito.

El último trabajo que hice al respecto fue en Cartagena con el tema del océano, la relación que tenemos con el océano que está implícito ahí. Esa  rebelión del paisaje nos va a cobrar factura. Pero eso ya está ahí, para mí resulta más interesante, insisto, abordarlo desde una perspectiva fantástica, existencial.

Ahí siento que me muevo mejor, que no tengo la obligación de alzar o de empuñar una bandera ecologista que ya está ahí, implícita en el paisaje. El hecho de que vivamos en una amenaza constante de frente a estos paisajes es porque estamos de alguna manera degradando, nos lo cobra.

(Mal fario, instalación, 2024. Tomada de http://www.galerialamuntante.com

GOTAS DE AGUA SOBRE TELEVISORES

Parte de la selección de piezas que has presentado aquí, me dices que son más o menos como 40,  hay diferentes pinturas. Pinturas que persiguen, una paleta de colores saturados. Me parece interesante que podamos hablar de tu último proyecto en Cartagena. Porque revisando tu portafolio vi que buena parte de las pinturas que están acá las has conceptualizado también como instalaciones en diferentes muestras y ahí se ve que ya estás proponiendo como espacios no vacíos para el recorrido, instalaciones multimedia.

Escritura, video…, ahí se intuye un poco lo que pasó el año pasado en Cartagena, que ya es un proyecto muy ambicioso y creería que contrario a lo que comentas que te han dicho, ya hay una madurez en torno solo al tema y la factura de lo que has hecho, sino en todo lo que implica gestionar un proyecto de esas dimensiones sobre el paisaje. ¿Cuánto tiempo ha pasado y cómo te sientes ahora en relación a eso? 

Nicolás: pasó de todas formas muy poco tiempo. Seis meses han pasado ya lo hice en octubre del año pasado. Como dices, es quizás el proyecto más ambicioso que he hecho, en el que he contado también con más recursos una vez que gané con el Ministerio de Cultura, a pesar de contratiempos propios de este tipo de premios y de negociaciones con instituciones, todo salió bastante bien.

Producto de esa experiencia, producto de una planeación rigurosa, tanto de tiempos como de producción de las piezas. Esas piezas las produje la gran mayoría en Bucaramanga, porque allí me resultaba más económico y allí contaba con una serie de personas que me han ayudado en otros momentos en las cuales confío ciegamente y a las cuales también les gusta trabajar conmigo y a mí con ellos.

Entonces nos hemos formado como una suerte de equipo. Otra pieza es la de videos y la produje aquí en Bogotá, a las afueras de Bogotá.  Y bueno, todo gira también un poco en torno al paisaje. Insisto, la relación del ser humano con el océano. ¿A esta idea de la muralla, no? Porque de alguna manera, el Baluarte de Santa Catalina es como una suerte de fuerte, una muralla que tenía como una función militar claramente militar, era casi como la que recibía de primera mano a los invasores.

Pero hay un invasor constante que es el mar. El mar está ahí todos los días amenazando con derribar esa construcción que para mí es una suerte de ejemplo de la civilización humana. Entonces es el mar, todo el tiempo amenazando la civilización, lo que consideramos progreso. Por eso tratamos de que sea roca. Por eso tratamos de que sea alta, grande, fuerte: para luchar contra esas fuerzas naturales. Y de alguna manera, muchas de esas construcciones también buscaron ganarle terreno al mar y terminaron, como bien sabemos, bajo el agua. 

Okay, entonces está ese primer drama. Pero hay otros dramas mucho más heroicos hasta cierto punto, que es el tema del marino, el marinero, que deja la seguridad de la costa, de la de la muralla y salta a enfrentarse al mar.

Entonces apareció mucho la idea del naufragio. Parecía que era como la idea más obvia. Desde luego, te decía ayer que yo trabajo muchas veces sobre ideas obvias, sobre ideas muy prácticas, muy sencillas, que conecten fácilmente con el público. Esta esa idea del naufragio. A quien no le ha dado miedo esa esa situación de estar perdido en el mar, esas películas, esos libros que uno ve, esas historias que uno conoce de gente que realmente vive esa experiencia. Aparecen ahí lo que te decía unos cuentos, algunas referencias. Está, por ejemplo, Las narraciones de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe. Es un gran cuento, fantástico, heroico de este personaje que termina naufragando y enfrentándose a una serie de contingencias muy interesantes de carácter psicológico y existencial, más allá de lo netamente físico. Esa dimensión es la que me interesa. Un montón del paisaje y del drama del ser humano con el paisaje.

La producción como tal de la obra, como te decía fue en Bucaramanga, luego se llevan todas las piezas  a Cartagena y durante una semana se instalan en un ambiente que no es propiamente hecho para las artes: dos de las salas más grandes están constantemente inundadas y había que pensar las obras para que sobrevivieran al agua.

Una de ellas, la más grande, sobrevivió muy bien, digo yo en un 80%. La otra sí sufrió mucho más, tal vez un 70%, fue, entre comillas, destruida. Pero más allá de eso, pienso que todo salió bien. O sea, nada se cayó, nada mató a ningún espectador porque eran piezas, insisto, de grandes dimensiones, muy pesadas, de carácter casi monumental.

Yo pienso que la planeación, la experiencia, permite que las cosas salgan más o menos como se espera. Ahora, hubo un detalle con una de las piezas, la más grande, que nos tocó en la entrada del Baluarte cortarla a la mitad en medio de un aguacero mientras se descargaba llegando de Bucaramanga.

La cosa empezó mal, empezó mal, tomé mal unas medidas y la pagué caro. Entonces eso implicó la restauración de la pieza durante todo un día. Así que perdimos un día de montaje. Pero bueno, más allá de eso, todo funcionó. Hubo una coherencia entre las distintas piezas, casi todo. Una coherencia desde la idea de instalación mucho más notoria a otros proyectos previos que había hecho donde ya estaba mezclando medios como la pintura, lo escultórico, el video y ahí aparecen otra vez esos elementos. Lo pictórico un poco más como desde elementos asociados a la práctica de stencil que yo he desarrollado durante toda mi carrera, trabajando todo con materiales que desde luego, pues tienen la humedad, el calor, entonces todo estaba oxidado, todo estaba un poco destinado también a desaparecer desde un inicio e incluso llovió dentro del del Baluarte.

Algunas de esas lluvias o gotas de agua cayeron sobre los televisores. Fue muy complejo, pero ningún televisor se dañó. Por fortuna el video se pudo reproducir bien. En general todo funcionó tal cual lo tenía planeado. Y el mismo lugar se convirtió en un protagonista esencial de la obra y del tema.  Entonces es una muestra que siento yo resultó dramática. 

En su desarrollo, en su concepción, pero también en la puesta en escena como tal, el montaje fue terrible. Una cosa épica. Fue una cosa muy, muy sufrida, muy demandante, pero siento que terminó muy bien. Ya lo veo en retrospectiva, un poco con esa distancia que tú señalas y veo que salió bien, a pesar de las cosas propias de un proyecto así, ambicioso.

Vea también: Docente y artista santandereano transforma el Baluarte de Santa Catalina con su innovador proyecto ‘Mal Fario’

Bueno, y ahí nuevamente hablamos de esa inventiva. Por los desafíos que es exponer en un espacio no convencional. Ayer nos recibías, y estar aquí varias horas, experimentando la dinámica del espacio, nos comentabas pues, que este formato de estudio abierto, en estos momentos no es tendencia, como que ya no es tan usual. Estamos acostumbrados más a lo que yo llamo la centrocomercialización del arte, en donde ya casi que vas a una galería como quien va a un supermercado o al Dólar City. Donde el espectador es cliente, no es público sino cliente.

¿Además de agradecerte por abrirnos las puertas de tu casa, como ha sido esa experiencia de desocupar la sala; luego empezar pensar la instalación y las narrativas  de las piezas que has seleccionado? 

Nicolás: pues digamos que yo tengo un poco de familiaridad con este tipo de formatos, porque con LaMutante muchas veces trabajamos en espacios no convencionales. Algunos eran espacios de tipo comercial, es decir, como locales comerciales que estaban abandonados o desocupados en su momento, pero también en Medellín me acuerdo muy bien, una vez montamos una exposición en un apartamento donde nos estábamos hospedando. Entonces, siento que hay una experiencia previa. No es tan extraño para mí el formato, aunque sí es la primera vez que lo hago como tal, un estudio abierto, la primera vez que lo hago, aprovechando un poco lo que yo te contaba, que finalmente se han solucionado unos temas de humedades, de goteras aquí en el apartamento. 

No fue tan traumático lo de desplazar la sala hacía habitaciones privadas, porque tampoco es que tenga tantas cosas en la sala. Hay espacio también suficiente en otras habitaciones y logré aprovechar algunos elementos propios del hogar, como el comedor, la biblioteca, mi propio taller para ubicar una serie de piezas que no tengo enmarcadas, que son piezas como más pequeñas, más gráficas, que por ahí también salen como una opción no solo creativas, sino también por temas de almacenamiento.

Terminé trabajando los últimos años mucho sobre papel porque no tengo tanto espacio también para guardar obras, no de gran formato. Y volviendo al tema, un poco del comercio, pues también de alguna u otra manera esas piezas pueden tener mucha más salida porque son más económicas. Entonces, si bien el estudio abierto tiene por qué no un carácter económico, es distinto también a las dinámicas de compra y venta que se experimentan en una galería comercial.

Es mucho más amable la experiencia, siento yo. O sea, hubo gente que se quedó dos horas o tres y tú qué te quedaste cuatro, ya no sé porqué se genera un diálogo más familiar. El artista, de alguna u otra manera, habla mucho más, pausadamente, más profundamente de lo que hace, sin necesidad de estar tan pendiente de la venta.

Aunque bueno, ahora hay algunos que sí lo están, en mi caso no ocurre así. Yo siento que ese proceso de venta ya se dará como una consecuencia de lo otro. También mucho público que llegó venía buscando ese tipo de experiencia más profunda y más conexión con el artista y con su obra.

Creo que se logró.  Me siento satisfecho con el ejercicio porque a mí me encanta conectarme con la gente, es una de mis premisas: que mi trabajo llegue de manera fácil a un público amplio. La gente que viene aquí, la mayoría no pertenece al campo artístico.

Entonces era gente que se quedaba hablando conmigo. Eso lo disfruto un montón. Lo otro es que también me permitió hacer esta suerte de retrospectiva al trabajo, reconocer las conexiones de las cuales hablábamos. Encontrar sentido en muchas de las vainas que he hecho. Y tercero, siento que en términos  espaciales, en montaje, todo funcionó.

Más allá de que no es una exposición como tal, el montaje y todo lo que hice empleando los pocos recursos que tengo para hacer esto,  siento que resultó bien y que se alcanzó a percibir un cuerpo de obra coherente y de un trabajo que se ha desarrollado de manera consciente y de manera muy digna durante las últimas dos décadas.

El arte de principios del siglo 21. 

Nicolas: exacto. 

Los jardines, open studio, 2025. Tomada de @nicolasdavidc

EL PORVENIR DE LA LIEBRE Y LA BESTIA

Para ir cerrando esta etapa de la entrevista te propongo un juego. Un juego que nos va a permitir recorrer el espacio. Tienes pues un cuerpo numeroso de obras de cara al público. Es la intención de esta conversación no para mirar atrás, sino para tener también una mirada proyectiva, intentar vaticinar el futuro de estas piezas en donde estarán en unos años. ¿Cuáles seguirán dentro de tus afectos y espacios cotidianos? ¿Cuáles de ellas cederán ante la mirada, ante la intención de otras personas de llevárselas? En ese sentido, te propongo que juguemos con el tarot.

Juguemos cinco cartas y cada carta dependiendo de lo que nos diga, pues nos va a llevar a la obra que escojas. Ahí podemos hacer pequeños comentarios frente a ellas y también de pronto que nos cuentes qué experiencias tuviste mediándolas en estos tres días de estudio abierto.


Hemos introducido tu fecha de nacimiento. 4 de agosto del 79. Signo: leo.
 

La carta del día con el maestro Solano. Sabio y cálido. Maestro Solano.


Combina conocimiento ancestral y humor en cada lectura.

Entonces te dice: saludos. Nicolás Cadavid. Hoy te presentamos una tirada de tarot que consiste en una sola carta, la cual te ofrecerá un mensaje o enfoque para el día. Este consejo te ayudará a alinear tus acciones y pensamientos con las energías presentes. 

¿Tienes alguna pregunta específica o prefieres una lectura general?

Nicolás: tirada general. 

Visualiza tu pregunta y gira la carta.

Entonces la carta que ha emergido en tu tirada es la templanza. 

Este arcano te invita a buscar el equilibrio y la armonía en tu vida. Nicolás, en este día es esencial que combines tus acciones con el entendimiento. Tal vez debas moderar tus impulsos leoninos y ser más reflexivo. Recuerda que la paciencia y la serenidad son tus aliadas. Cultiva la paz interna y verás como las oportunidades fluyen hacia ti.

La estabilidad emocional será tu burbuja. 

Ahora, entonces, siguiendo esta. ¿Esta descripción del maestro Solano, qué obra proyectas a la que quisieras llevarnos y contarnos que puedas relacionarla con los impulsos, con la reflexividad, con la paciencia y la paz interna? 

Nicolás: Yo creo que la última que dices, vamos. 

Sí, es un díptico pictórico de grandes dimensiones. 3 metros por 1.50. Óleo en lienzo. Pienso yo que cuando pinto, sobre todo cuando es esta pintura, suelo entrar como en un estado mental, de total calma. La forma en la que abordo la pintura, que es una forma muy cuidada, entendiendo mucho el material, comprendiendo que debo caminar a través de este proceso con sumo cuidado porque son imágenes muy limpias, cada una tiene su propia luz, cada una tiene su propio lugar en el espacio de manera protagónica.

No hay necesariamente una composición que privilegie un elemento sobre otro. Esto me permite proponer al espectador una mirada no focal, sino general, en donde el ojo no se queda quieto en una sola imagen, sino que hay muchos puntos de interés. Es un proceso muy largo donde tuve algunas dudas, pero siento que con base en la templanza y en la prudencia logré, eh, concluir de buena manera. De alguna manera es una obra que resume también un poco todos estos años trabajando este material, trabajando la pintura al óleo, 

¿Cómo se llama la obra? 

Nicolás: si no estoy mal, se llama La liebre y la bestia. En una suerte de equilibrio también. Desde el cual entiendo el paisaje como lo frágil, lo pequeño, lo bello, pero también el paisaje como una cuestión inabarcable para el ser humano, peligrosa y amenazante, que recoge experiencias que tuve cuando hice una residencia en Guatemala, como también la residencia en Kirguistán…

La conversación terminó en la última habitación de su apartamento donde se encontraba parte de las publicaciones de LaMutante y curiosamente su último óleo sobre lienzo. 

Nicolas ya nos contó cómo se titulaba, pero aún estaba celoso del valor de su pintura porque la acababa de terminar hace poco.

Luego, prácticamente lo obligué a ayudarme a grabar un reel para Instagram que nunca salió por mi precariedad audiovisual. De eso recuerdo a Sandra Lesmes Cárdenas diciendo durante un mes – por haber tenido que escuchar el audio obsesivamente en mi celular mientras intentaba editarlo – “acompáñame a visitar el open studio de Nicolas Cadavid en el barrio La Macarena titulado Los Jardines”.

Y yo…, sigo a la deriva.

(Terminado de editar el 04/08/25)

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