ENTREVISTA JOHANN TOVAR CARRERA & JUAN DAVID QUINTERO

In formal: catering, vino y arte contemporáneo en San Victorino

Estuvimos visitando la exposición San Victorino: Entre la Memoria y la Informalidad del escultor Johann Tovar Carrera, curada por el historiador Juan David Quintero a propósito de la visita del artista desde Australia. Un espacio lleno de luz, donde el adentro y afuera luchan dialécticamente entre caos y orden, aglomeración y minimalismo, finura y brutalidad, en síntesis de in formalidad.

4:05 p.m. – 28 de abril 2025

Bogotá D.C.

Por Milo Meneses Cruz

(Flyer promocional de la muestra (2025) . Todas las imágenes cortesía del artista)

Después de que los materiales son descartados, su belleza inicial empieza a perecer. Entonces empiezan a convertirse en otro tipo de objeto. Qué son los que me interesan: texturas, colores y pequeños visos de diferencia con el material nuevo, que viene todo como muy igual. Cuando el material es nuevo, todo el material se ve exactamente igual. Mientras que estas piezas tienen particularidades. 

Johann Tovar Carrera

Flashback

Sobre Johann

El maestro Tovar Carrera recibió a su público la noche de la inauguración con un repertorio de elementos memorables que conjugan lo más singular de la cultura artística, el centro urbano y la noche bogotana. Para llegar “al espacio” como llamaban al lugar expositivo (donde antes funcionaba una barbería), tocaba cruzar los más de veinte metros de ancho de la carrera décima, esquivando estudiantes, vendedores, mensajeros, carreteros, gamines, oficinistas, mendigos y personas mayores, que se mueven con afán en múltiples direcciones posibles todos los días. En la calle 13, donde se encuentra aquel edificio de estilo republicano, hay un pasaje comercial de los años 70 con pequeños locales que venden papelería, ropa barata made in china, libros usados, y calendarios, que compiten con las ventas más informales que están afuera, sobre la acera, y que también ofrecen lencería para dama, calzado deportivo, frutas tropicales, medias deportivas de colores estridentes, utensilios para la cocina, entre otros. 

Subiendo las escaleras del edificio, llamado Colonial, había uno que en su entrada tenía instalado una mesa de catering con brochetas de pollo a la plancha, queso mozzarella y tomate cherry, muslos apanados, horneados con pesto, cerveza y vino, servido en copa por un señor mayor con chaquetilla y delantal blanco.  Desde afuera se podía ver a Randy, el fotógrafo oficial del evento armado con luz en trípode y cámara réflex de lente de 24 -70 mm de distancia focal para primeros y medios planos. Más adentro, estaba el maestro Tovar Carrera, afable entre amigos, vestido con pantalón negro y un chaleco de lana café oscura encima de una camisa manga larga blanca como los bogotanos de antaño, sobre el que pendían dos dijes cuadrados en metal cromado. A su traje formal pero despreocupado le conjugaban, tenis negros y gafas de sol de pata ancha y corte deportivo tipo snowboarding, similares a las que venden en la calle. Un conjunto performando un diálogo entre lo tradicional y moderno.

Aunque el espacio no era una galería y no habían precios a la vista, los ventanales que tendían un puente entre el adentro y el afuera, hacían – en el contexto de la feria de arte de Bogotá – que el visitante no pudiera evitar preguntarse por las tensiones entre la estética del comercio y el comercio de la estética, sobre todo en Colombia, un país con un índice de desigualdad socioeconómica puntero en la región.

Sobre Juan

Con Juan David nos reencontramos a finales del 2024 cuando Santiago Rueda Fajardo le dijo que estábamos trabajando juntos. Ni corto ni perezoso le bromeaba con seriedad “yo lo descubrí”. En parte con razón pero como todo poeta, yerra. Habían pasado seis años desde que nos tomamos una selfie de despedida en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá – mi primera plaza como mediador –  donde él como curador, renovó el legado del padre García Herreros por casi una década. Durante esos meses que empezamos a juntarnos como amigos solía romper el hielo diciéndole a la gente que me había entrenado. A mi siempre me pareció gracioso que usara un verbo más cercano al adiestramiento de canes que al elocuente pensamiento político que lo acompaña a donde sea que vaya – cuidado por Diógenes. Sin embargo ahí estábamos, dos generaciones de agentes culturales en constante diálogo. Siempre entre lo erróneamente llamado culto y popular

Para las fechas de la Feria de Arte de Bogotá versión fin de semana de inicios del 2025, me contó que iba a ir a Bogotá a curar una muestra en San Victorino. En principio no reparé mucho en el lugar pero sin duda aliñó algo en mi inconsciente que luego explotó. Juan David, que pasaba una estancia en Pereira, su ciudad de origen, viajaba a la capital de Colombia para encontrarse con el maestro Tovar Carrera. Bogotá, una ciudad que se le queda pequeña, aunque capital, latinoamericana se queda. Su trabajo, que está más cercano al ejercicio histórico y político que a la vocación de comercio, siempre entra en tensión con un mercado débil y temeroso de artistas osados que gustan de meter el dedo en la llaga. Una herida que genera confusión y exige tiempo de reflexión.

(Fragmento de la muestra en el edificio Colonial. Al fondo la calle 13 con carrera 10)

(…)

Cuatro, tres, dos, uno: ¡acción! Bueno, un saludo diacrónico para la historia, les saluda Milo Meneses. El día de hoy estamos acompañados del maestro Johann Tovar Carrera y Juan David Quintero, curador de la muestra que nos reúne en torno a la obra del maestro Johann. Estamos aquí justamente en un tercer piso de San Victorino. Uno de los puntos históricos más tradicionales del comercio informal y al por mayor, cerca al centro político y económico del país. 

Como introducción, es importante recordar que el maestro Juan David es historiador del arte, curador de arte contemporáneo y arte urbano, que se ha desempeñado fundamentalmente en Bogotá y en diferentes zonas del país, con algunas incursiones en países vecinos como Ecuador, Cuba y Perú. Y nos encontramos con el maestro Johann oriundo de Bogotá pero formado en Australia, que nos visita en ocasión de su muestra. Maestros, bienvenidos a este encuentro. Muchas gracias por aceptar la invitación. 

Johann: Muchas gracias. 

Juan David: Gracias a ti. 

Cuéntenme, de manera introductoria:  ¿Cómo se conocen ustedes dos? ¿En qué momento concretan, se contactan para brindarnos esta muestra justamente de manera coyuntural – o no – dentro de la semana del arte y la cultura aquí en Bogotá.

Juan David: bueno,… nosotros hace unos años largos. Yo no me acuerdo. Él me lo recuerda. Nos conocimos en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, que fue un lugar donde trabajé muchísimos años. Y él fue e hizo una visita por medio también de otro compañero que ya no trabaja allí, Wilmar Tovar. Y bueno, digamos que ese fue en sí el primer momento. Después hay una amiga que tenemos en común.

Por medio de Kelly, nos volvimos a encontrar, se hizo ahí un puente. Yo estaba buscando una serie de proyectos; Johann quería o quiere también seguir  generando, digamos su proceso creativo en Colombia.  Ya son casi 18 o 20 años de formación y de trabajo de donde ha hecho escultura en Alemania y Australia, y también como dicen, ojala en la tierrita .

Como también volver al espacio, a su lugar de entorno donde creció, donde habitó su familia, sus abuelos. Y desde ahí nos sentamos en un momento a pensar desde la escultura que era lo que se podía hacer. Y bueno, eso ya se lo puede contar un poco más Johann desde esa creación personal y también vivencial de llegar acá.

«El proyecto San Victorino: entre la memoria y la informalidad presenta una serie de esculturas inspiradas en la experiencia personal del artista con el centro de Bogotá. Como es sabido, San Victorino ha sido históricamente un punto de tránsito entre la capital, el río Magdalena y los puertos del Caribe, lo que lo consolidó como un núcleo comercial y de movilidad urbana». 

Juan David Quintero. Tomado del texto curatorial de la muestra

¿Qué te trae a Bogotá en esta oportunidad, solo la muestra? ¿Estás visibilizando otros proyectos en este momento, cuando planeas regresar y cuál es la relación que tienes como migrante entre los dos países?

Johann: bueno, desde Bogotá, primeramente tengo la intención de construir y organizar un espacio para trabajar, un taller para trabajar y producir escultura acá en Colombia. La idea era pasar un tiempo más acá en el país. Y organizar un espacio donde se pudiera producir arte e inclusive en mi ausencia, que se facilitara para alguna residencia.

Ese proyecto está casi terminado. Hay unos problemas con la circulación vial, cerca al sitio donde está el estudio. Entonces, por el momento ese proyecto está en pausa. Pero pues vamos a desarrollarlo igual en algún momento cuando sea propicio. Entonces con  base en ese proyecto, he estado viniendo a Colombia más seguido y estando un poco más de tiempo acá produciendo, precisamente, la muestra que nos encontramos el día de hoy.  La idea sí es mantener un contacto más cercano. Después de tantos años de ausencia, he estado más o menos dieciocho años fuera de Colombia, prácticamente todo el tiempo en Sídney, en Australia produciendo obras de mayor formato.

Y lo que me trae acá al sector sería, como dice Juan David, una conexión que tengo por mi familia. Mis abuelos fueron comerciantes, empezaron su vida comercial acá en el sector después de estar huyendo de las violencias partidistas entre liberales y conservadores. 

Se instalaron en el comercio informal, primeramente. Luego, se desarrollaron como comerciantes al formalizarse y volverse unas personas muy prestantes en el sector. Entonces, toda mi vida, toda mi infancia y parte de mi adolescencia transcurrió acá en estas calles de San Victorino. 

Y andando, viendo a mis familiares, otras veces también trabajando. Tuve unos trabajos acá en el sector. Luego, pues no en el sector, pero sí en el área del centro. Estuve también tomando clases de arte con artistas qué hacían retratos en el espacio público.

Tomé algunas clases al principio con ellos y luego viajé a Australia e hice mi formación académica. 

De manera que, en primer lugar, aquí tienes una aproximación desde el dibujo, me comentabas anteriormente. ¿Estamos hablando de los dibujantes que se asientan en la carrera 7.ª con calle 22, no?

Johann: sí. Eso se sabe, ese pedazo siempre ha sido tradicional de artistas, dibujantes, pintores… Pues desde el año 96 que frecuentaba ese sitio encontraba apoyo y algunas indicaciones de los artistas que se hacían ahí. Me enseñaban un poco las técnicas, hacer retratos.

Entonces, sí, ese punto es bien importante para mí, porque fue donde di mis primeros pinitos. Ya luego incursione en el mundo del tatuaje artístico. Y bueno, trabajé también en el sector, en el centro, en los primeros estudios de tatuaje que hubo en Bogotá. 

Revisando tu trayectoria, uno puede ver que una vez llegas a Australia allí también te interesas por formarte desde el dibujo. Pero los últimos 10 años de carrera después de que finalizas el pregrado en el programa de Bellas Artes, has estado trabajando en la escultura. ¿En qué momento te decantas por esa técnica? 

Johann: bueno, eso fue más o menos como en el segundo año de mi carrera. Tuve la fortuna de estudiar en la National Art School donde la enseñanza aún es en base de estudio y práctica. Se desarrolla  la obra en el estudio con un supervisor directamente. Ellos ofrecen: dibujo, escultura, pintura, cerámica, impresión y fotografía: los artes primarios.

Y empecé a inclinarme por la escultura. Al ver que era realista ya tan pronto acerque las manos a los materiales, la cuestión cambió totalmente: ya del dibujo y la pintura, yo considero que la escultura es lo más realista. Para mí, ese es el hiperrealismo, porque sí se siente, se toca, se pesa. Creo que sí, es real.

 Bueno, aquí estamos cohabitando con el paisaje urbano de San Victorino. Proliferan unos sonidos intempestivos, industriales, pero también el eterno murmullo de la ciudad. Maestro, usted nos hablaba de la realidad. En torno al material y la escultura uno no deja de pensar al ver su trabajo en una escultura que está aquí muy cerca, que es la mariposa de Edgar Negret, pero con unas diferencias formales en el sentido del tratamiento al metal y color. Aquí con ustedes tenemos unas esculturas más crudas. Algunas que manejan el equilibrismo. ¿Usted en qué se basa y en donde ha escogido sus materiales? ¿Cuál es el criterio de selección?

Johann: bueno, sí, tienes razón sobre Negret. Yo estudié mucho la obra de él. Un gran referente nacional para la escultura del concepto modernista y la línea medio futurista que crearon una tendencia con el maestro Ramírez Villamizar también.

De pronto tiene un poquito la relación ahí, pero en el color y la textura de los materiales, yo difiero de ellos en un punto. Para esta muestra las obras estaban de pronto con un paso menos, que es el de soldar las piezas de metal que se usaba regularmente. Normalmente, mi trabajo lo inició desde el balance y el equilibrio.

Las formas que yo concibo armónicamente van fluyendo en base a esa particularidad, que es el equilibrio y el balance de los materiales. Entonces, cuando encuentro ese balance en los materiales, empieza una conexión entre estas piezas que he ido recolectando. Son materiales que van saliendo de obras.

Son residuos industriales, de procesos o de otras obras, objetos de demoliciones… y estos materiales, voy conectándolos no en base a su existencia o su función, sino simplemente como lo decía, viéndolos como líneas, círculos cuadrados y tiempos.

Simples figuras geométricas y algunas cosas, unas variaciones que me sirven para completar la estética de la obra. Me gusta crudo porque creo que eso también es otra realidad. Después de que los materiales son descartados, su belleza inicial empieza a perecer. Entonces empiezan a convertirse en otro tipo de objeto. Qué son los que me interesan: las texturas, esos colores y esos pequeños visos de diferencia con el material nuevo, que todo viene como muy igual. Cuando el material es nuevo, todo el material se ve exactamente igual. Mientras que estas piezas tienen particularidades.

Tiene una cosita que le da un sentido a la obra, tiene un pedacito más de equilibrio hacia un lado que al otro. Siempre se empiezan a ver unas pequeñas particularidades que hacen que estos elementos se empiezan a encontrar maravillosamente porque son objetos que en otro concepto jamás hubieran ido de la mano.

(Fragmento de la muestra en el edificio Colonial. Instalación con materiales encontrados en el centro de Bogotá)

Sí, es tremenda esa dualidad que uno puede llegar a ver porque está como entre lo estático, pero el equilibrio advierte una próxima caída entre el abandono, pero también el objeto encontrado. En ese sentido, resulta muy interesante que se hayan juntado porque el trabajo del maestro Juan David ha estado muy relacionado también con el espacio público.

A mí me gustaría preguntarle a Juan David precisamente, dentro de esa trayectoria, recordando también, por ejemplo, la plazoleta de esculturas públicas del Museo Arte Contemporáneo de Bogotá de la Uniminuto, ¿cómo ha sido trabajar con el maestro Johann y qué relación ve en ese sentido dentro de la trayectoria que has desarrollado?

Juan David: en el espacio público… Bueno, ahí hay una cosa bien interesante es que a mí la calle siempre me está dando información. La calle siempre es un espacio de procesos, mutaciones, cambios, ruido, errores, olores y muchas cosas que solamente las vas a encontrar en el espacio público.

Entonces, cuando uno se relaciona, cuando uno camina por el espacio público, cuando encuentra las fachadas rayadas con murales, unos más bonitos que otros… Todo eso es una clase de resistencia en la calle: el performance.

La cultura de alguna forma también es muy política. Y hace parte también de ese discurso de habitar también la calle, de compartir la calle. Y también, digamos, en este caso, con el trabajo de Johann, es eso, es encontrarnos. En los materiales, en el error, en lo que ha venido trabajando, en lo crudo que es la calle, así como él ve, como su obra, que no es nueva ni pulcra.

La calle no es así. La calle también tiene, digamos, todas esas fisuras, tiene todos esos detonantes que hacen que sea un caldo de cultivo diario y más, digamos en el sector donde nos encontramos: informalidad, comercio aquí, todo el mundo está trabajando. Todo el mundo puede asomarse un ratico por la ventana y te vas a dar cuenta cómo se está habitando un sector tan importante y tan histórico como fue el sector del parque de San Victorino.

Entonces, en ese orden de ideas, para mí, digamos la calle siempre, como te lo decía ahora, me está botando códigos, y lo que yo trato de hacer es comenzar a decodificar, analizar, revisar y a interesarme en este caso por el trabajo de Johann de que se comience a abordar el espacio público también desde otra perspectiva; que estamos hablando de escultura.

Y no siempre, pues, digamos, enmarcarlo en lo que puede ser el arte urbano. Pero si hace parte de esa formación investigativa mía y de las ganas también de indagar los espacios con este tipo de objetos que también para esta exposición se hizo un ejercicio que lo hizo Johann y puso las piezas al frente del Parque de las Nieves un rato como si fueran unas piezas que se estuvieran vendiendo.

Y revisar la gente qué lectura tenía porqué estás ahí en un lugar que tú lo caminas desde la calle 19 por toda la 7.ª, está lleno de cachivaches; se vende de todo. Entonces esto puede ser en la calle un cachivache.

Flashforward

«La carreta fue prestada por un reciclador de la zona, con la condición de hacerle ajustes, agregarle las tapas laterales y “dejarla mela” fueron las condiciones del dueño; además de unas luquitas para la pieza en un pagadiario para él y su hermano, su compañero de emprendimiento»

Johann Tovar Carrera

(San Victorino: memoria de la informalidad. First act. Dirigido por Luis Carlos Ayala. 2025)

¿Hubo alguna interacción o algún testimonio en particular de los transeúntes que recuerden con particularidad? 

Johann: sí hubo. De pronto ahí un poco, como se diría, ahí se nota la educación, ¿no? Los niveles de educación visual que tenemos en el país.

Porque sí, algunos estudiantes de  la Universidad de los Andes se acercaron y nos preguntaron qué estábamos haciendo  y de qué se trataba. Nos indagaron sobre la obra y sobre qué sucedía. Otras personas se detuvieron simplemente a contemplar. Hay un personaje en el rodaje del video muy característico que estuvo curioseando un buen tiempo la obra y no se atrevió a decirnos nada, solo a mirar.

Bien interesante para mí, porque después de casi 20 años de tomar mi primera clase de dibujo, y volver ya con una obra de otro formato y de otro estilo, y ya con una calidad diferente fue algo bien interesante de vivirlo. 

Juan David: yo creo que Johann se va a llevar algo muy bonito en este viaje. Y es toda esa experiencia de haber salido con la carreta. O sea, yo creo que en Australia no lo hizo. Venir y volver a salir aquí al barrio, con su carreta, poner las cosas, mojarse, que se le acerquen, que le pregunten. Qué bueno, que también se invite…, ya que preguntas como sobre las anécdotas durante el montaje, al frente venden vestidos para bodas, para ocasiones especiales.

Y una señora me preguntó «de qué va a ser el local que van a alquilar». “Ahora vamos a hacer una exposición de escultura”, le dije. Y repitió: “¿de qué va a ser el local que van a alquilar?”. Y yo le digo «vamos a hacer una exposición». Es una cara como de «que curioso». Entonces venimos como rompiendo en una dinámica comercial.

Antes había una barbería acá. Y no se sabe qué va a ver mañana, es decir, era como tratar de descentralizar lo que nosotros estamos acostumbrados en un medio del arte. Que sí, se presentan esos lugares exactos, que sí, está el museo, pero hay es que cuestionar, eso lo pienso, lo digo yo Juan David, cuestionar estos espacios y cuestionar también estos otros, digamos ese tipo de circuitos, este tipo de ejercicios artísticos.

Porque eso lo bonito de esto, es revisar y que, bueno, acá se hizo esta vez, y esperemos se puedan hacer muchas más. Y tengamos también el trabajo de Johann acá en Colombia mucho más seguido para que también ya se pueda visibilizar desde diferentes contextos. Que de pronto es lo que ocurre cuando uno está entre dos aguas, que la tensión siempre es tomar partido.

(Instalación sobre la carrera 7.ª)

Yo me imagino que el hecho de emigrar, con una identidad extranjera, lo pone a uno en otra situación, y luego, al volver estando tanto tiempo ausente, hay una necesidad de reconocimiento. Pero tu trabajo en ese orden de ideas está equilibrado entre los dos lugares, que es en parte la misma selección del espacio.

Estamos en un interior, en un tercer piso, con unos ventanales enormes, casi encima de los comerciantes. Me parecería muy interesante que indagáramos un poco más por el performance aquí en la exposición. Hay un video de la acción que ustedes comentan. En ese performance ya estamos hablando de que es el cuerpo entero parte de la materia artística. Una vez que vuelvas a Australia, que te has pensado allí, has trabajado esculturas más monumentales, algunas cinéticas. Si no estoy mal, te interesa mucho el arte como un espacio de encuentro.

¿Qué vislumbras en esa posibilidad del uso del cuerpo para el trabajo futuro? 

Bueno, la verdad es la primera vez que yo planeo algo así, fue algo diferente precisamente por el contexto en el que estamos, lo que te comentaba. Después de la experiencia de los abuelos, la migración, la informalidad, la vivencia en la informalidad acá, pues fue algo que marcó la vida de mi familia y yo he llegado otra vez. Obviamente no puedo llegar y decir “soy artista”. Entonces fue como la intención, de hacer lo mismo, de como un desplazado toma nombre, aliento y empieza desde cero, como hace toda la gente del sector.

Sí se siente que viene la gran mayoría de otras partes y viene a rebuscar y a trabajar de manera informal. Entonces, ese fue como más o menos el pretexto que nos dio para hacer el video y el performance, hacer todo el recorrido que la gente de aquí hace diariamente acá y cuando lo experimentas, te das cuenta de verdad como es de complicado.

Entonces la carreta la movimos desde el estudio, unas muy buenas cuadras. Pasamos por el frente de este edificio. Hasta que plantamos las esculturas en la calle. Eso entonces te da como algo más que pensar si no entiendes como es el proceso de toda la gente. También por eso mismo es este factor de las esculturas que no están fijas ni están pegadas.

Están desarmadas hasta que se puede poner y volver a poner y caer. Y entonces eso hace como una rutina también de arme y desarme que hacen todas las personas que tienen sus negocios informales en el sector, todos los días. Ellos tienen que empacarse una cantidad de mercancía. Entonces, cierto, voy a buscar en la parte donde me voy a a estar el día de hoy para vender mis productos.

Entonces fue ese ejercicio también. Incluirlo en esta muestra trataba de romper con el convencionalismo, como lo explicó Juan David de las formas qué hay para presentar el arte y quién tiene derecho a ver el arte. Entonces lo ponemos directo al nivel de cualquier persona para que cualquier persona tenga su propia experiencia. Muchos no lo notan. Muchos pasan, la tumba, se caen. Hay que volver a poner ciertos… son gajes, digamos, de un oficio que se decidió así pues, por el motivo de esta muestra. Entonces, creo que ese performance me gustó, el video quedó muy bueno.

A mi parecer el curador también está contento. Entonces, creo que vamos a hacer otras cosas parecidas en el futuro, porque así creo también en la importancia de lo que decías, de que la escultura en el espacio público tenga un fin y tenga algo que dejarle a las personas que la admiran o que tienen un contacto o una experiencia cercana con las piezas que se exhiben en el espacio público.

Creo que es un deber, tal vez de que sean además de estéticas, tengan esa experiencia única, las personas que comparten el espacio en el sector. Bueno, a mí me gustaría resaltar algo muy potente que es quién tiene el derecho a ver el arte.

Hay un detalle que no es menor y es que hemos estado grabando en mano cambiada con una de las piezas de las esculturas. Pasó algo muy interesante el día de la inauguración y es que yo me imagino que por el peso de las personas que hacen mover el suelo, esta era la pieza más sensible, y pasó algo que en principio no podría creer. Que puede ser incómodo o indeseable incluso, y es que quien tumbaba la pieza se veía obligado a ponerla. Y se empezó a caer cada 15 o 20 minutos casi ya como arte sonoro, porque rechina un poco en la caída y golpe. La repetición. Es muy curioso porque el gesto se repitió, se repitió, se repitió casi seis, siete veces. 

Yo estuve viendo, algunos modelos que has hecho anteriormente con una planimetría para poder reproducir esculturas. ¿En ese sentido, la repetición es un acto político o tiene más un carácter formal en la escultura? 

Bueno, yo soy muy de cubrir todas las posibilidades a veces. Entonces, digamos esto que tú mencionas de lo del plano es algo que de pronto es muy similar al ejercicio que sucedió el día de la inauguración que tú comentas. De que si se cae, se pone, se debe poner otra vez de vuelta en su lugar. Entonces es eso darle la oportunidad a la gente de que bueno, qué ve en una pieza y dice, yo no puedo hacer.

Pues no se si lo tenga. Puede ser al menos en una pequeña forma. Pues la experiencia de hacer escultura es que más que político, yo creo que es eso como que de pronto tú lo dices cuando se cae, la gente no sabe qué hacer. Porque siempre, no se tocan las obras en una exhibición.

En esta pues tuvimos esa idea y que como está en equilibrio, bueno, si se cae, pues la misma persona tiene que intentar poner el equilibrio, algo que parece tan sencillo creo que funcionó. La gente estaba interesada y les pareció algo interesante. La gente creo que reaccionó muy bien a eso. Pues, a los que que no se les caía, les parecía bien. Y ya eso estuvo bien. Pero creo que las personas despiertan esa sensibilidad también por tocar, o sea, simplemente es diferente cuando tocas el material, el peso.

Como con una de las características de pronto se empieza a compenetrar un poco más la persona con la pieza, el interés es un poquito mayor cuando puedes tener un poco más para activar tus sentidos, un poco más que la visión estética de la pieza.

Para ver los trabajos previos de Tovar Carrera:
(«In this video we visit the studio of Johan Tovar Carrera to know about of his last work called Amantes Nocturnos». Dirección: Sydney Side B. 2020)

Sí, que incluso alcanzan a tener como un guiño relacional, la cultura de ser un espacio de encuentro y más que puedas tocar, hay algo que resulta muy interesante a nivel coyuntural y es que justamente este lugar es como una frontera urbana. O sea la calle de 13 por donde ha llegado el comercio desde el río Magdalena. Nos recordaba Juan en su texto curatorial, la punta hacia el centro del país y hacia el norte global. La carrera 10ª, fue construida justamente como una proyección urbana hacia el sur. Y no más es cruzar estas dos calles y empezar a ver un cambio de ciudadanos, de comercio de imágenes, como esa información de la que nos hablaba Juan David.

Precisamente, es allí no más a tres cuadras en el palacio San Francisco, donde se realiza la oficialidad del arte y la cultura aquí en Bogotá, la feria de Bogotá. Y entonces resulta que la potencia de la informalidad de la periferia, de la de la marginalidad, se vuelve un trampolín muy fuerte para hacer como del espacio también una obra en sí.

Ustedes creen que es importante seguir trabajando este lugar, Juan David, tú que has circundado por diferentes instituciones también de la ciudad, ¿cómo es la posibilidad de San Victorino como un espacio expositivo? 

Pues, yo creo que sí, debería seguir haciendo cosas acá, independientemente del lugar.

Pero sí, en San Victorino, aquí a tres cuadras, tenemos la ASAB, o sea que es la Universidad, también donde se forman estudiantes en artes, en música, en baile. Y es un epicentro también de creación cultural y artística. Estamos en medio del comercio, pero también se han venido haciendo intervenciones en espacio público con grafitis, con murales, se han venido y han hecho homenajes al maestro Jacanamijoy, al maestro Ómar Rayo, a varios maestros que han tenido piezas. Sí, creo necesario porque creo en descentralizar las cosas.

Es muy tedioso, muy aburrido. Y eso hace que se vuelva un control. Por eso es hasta donde digo pueden ser los circuitos controles porque son pedazos donde usted tiene que ir, pero por qué no puedo ir a otro lado. Entonces es también eso, es también descentralizar este tipo de actividades, mostrar que por aquí también hay muchísima historia que también se puede comenzar a generar espacios para hacer cualquier tipo de exposiciones. Y creo que sí es muy necesario, darle una continuidad a estos lugares. 

Maestros, pues este ha sido justamente un encuentro entre curador y artista, reportero con viejos y nuevos amigos. Un encuentro in formal justamente en torno a la obra del maestro Johann Tovar Carrera curada por Juan David Quintero aquí en el edificio Colonial en la calle 13 con carrera 10ª. Esperamos poder seguir encontrándonos, poder seguir compartiendo. Recuérdanos dónde queda tu taller. Una invitación a los artistas y justamente a los jóvenes, a los colegas que se ven reverberados en ese llamado a seguir reactivando nuevas zonas de la ciudad, nuevos lenguajes escultóricos. Una invitación también para que sigan sus trabajos, por favor. 

Johann: sí, mi taller está en este momento en Bogotá. Está situado en el sector de San Bernardo, en la Caracas con calle 3.ª. Hay que seguir batallando por buscarnos los espacios donde mostrar arte y primordialmente a los nuevos artistas.

Bueno, hay que hacerle y mostrar siempre, mostrar arte. Hay que trabajar y hay que luchar por mostrarse así en los lugares no convencionales, menos esperados. Creo que hace más cuando hay un buen impacto, cuando la gente encuentra esas cosas así como, wow, se me apareció un ángel. Es algo que está fuera de su rutina.

Juan David: creo que esas cosas dejan impregnar una memoria en las personas y lo van a comentar. Entonces hay que luchar por abrir nuevos espacios, no simplemente seguir en lo que dicten las barquillas artísticas del mundo. Pero hay que mostrar que hay que luchar por nuevos espacios y por no dejar que las nuevas voces se callen, hay que buscar espacios y mostrar.

Esperar a seguir camellando. Planteando nuevos proyectos sea como tal en el espacio público, como en estos lugares. Esperemos que el maestro Johann pueda volver pronto y se haya ido con más ganas de regresar todavía. Porque de eso también depende muchas cosas chéveres para activar, digamos, desde la parte de su técnica, que es la escultura por ahora.

Pues aquí estamos y muchas gracias Milo, por sacar su tiempo, su amabilidad y su conocimiento y compartir con nosotros. 

Siempre es con todo el gusto y el cariño. Nos quedamos con que no dejemos que las nuevas voces se callen. Esto ha sido todo. Muchas gracias también a la producción técnica. Hasta una próxima ocasión.

Eso es.

(…)

Epílogo

El proyecto San Victorino: entre la memoria y la informalidad presenta una serie de esculturas inspiradas en la experiencia personal del artista con el centro de Bogotá. Como es sabido, San Victorino ha sido históricamente un punto de tránsito entre la capital, el río Magdalena y los puertos del Caribe, lo que lo consolidó como un núcleo comercial y de movilidad urbana.

En palabras del artista: “Mi conexión con este lugar nació como consecuencia de la violencia en las zonas rurales de Colombia, que obligó a mis abuelos a migrar y comenzar una nueva vida en Bogotá. Fue en San Victorino donde encontraron oportunidades para reiniciar sus vidas. Esta adaptación generó un vínculo especial con el área que persiste hasta hoy. Haber vivido allí en distintas etapas de mi vida, observando sus transformaciones y los intentos —poco exitosos— de mejorar las condiciones laborales informales, dejó huellas que ahora deseo analizar desde una perspectiva artística” (Carrera, 1979). 

Cuestionar este espacio histórico se convierte, para él, en un ejercicio que interpela temas como el uso del espacio público, el territorio, la cultura popular, la salud pública, la economía informal, y la transformación vial. Todo ello acompañado de un inminente cambio paisajístico, que será abordado mediante prácticas artísticas que van desde la acción performática hasta la instalación escultórica en el mismo sector. Mezclar sus obras con la multitud de transeúntes, vendedores y comerciantes de objetos usados genera nuevos diálogos entre las piezas y las personas que aún habitan y trabajan en San Victorio, Ejerciendo una especie de migración inversa, en un intento por establecerse nuevamente en Bogotá, emula a los desplazados que llegan al sector en busca de crearse a sí mismos una oportunidad. 

Juan David Quintero. Texto curatorial.

(Terminado de editar el 02/10/2025) 

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